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Xavi-Ps10, la vida desde un Santana Anibal

Tras un accidentadisimo viaje hasta la frontera de Marruecos/Argelia visitamos Jdaid, esta es una carta abierta sobre ese momento...

Tras un accidentadisimo viaje hasta la frontera de Marruecos/Argelia visitamos Jdaid, esta es una carta abierta sobre ese momento...

Este no es más que un relato desinteresado de aquello  que en medio de la nada nos encontramos. Estamos en el sur de Marruecos, es el día 20 de marzo de 2008, el día antes una tremenda tormenta de arena a barrido cientos y cientos de kilómetros de desierto y sabana, hoy tenemos un sol aplastante, en contraste con el frío extremo de esta mañana ahora nos encontramos muertos de calor.. avanzamos por pistas de arena calcinada, blanca y fina como el polvo talco. No hay vida, solo se ven cuatro acacias espinosas repartidas por el horizonte y algún melón del desierto venenoso hasta por contacto.. Acompañados por una espesa nube de polvo que aun contribuye más a secar un ambiente sin la mas mínima humedad avanzamos desde Merzouga en dirección a Zagora. Argelia está a nuestra izquierda, la vemos, está a tocar de mano. De los tres coches que somos los dos primeros pasan de largo el desvío que tenemos que tomar, la tormenta de arena ha borrado todo testigo del mismo, sólo una pequeña placa metálica totalmente corroída y oxidada, escrita a mano, nos salva de seguir ingresando infructuosamente en el desierto.. tomamos pues el desvío, el camino a Jdaid.

 

Poco cambia, es otra pista más a la nada, cruzamos un par de ríos secos, muertos, y nos acercamos a un polvoriento palmeral, lo cruzamos, es pequeño y pobre pero llama la atención su cuidado, denota que la mano del hombre vela por él y sí, una curva y aparece el poblado ante nuestros sorprendidos ojos. Son pocas, poquísimas construcciones de planta cuadrada, adobe, una construcción central del mismo tipo pero de mayores dimensiones llama la atención, sustentados por palos mas o menos rectos llegan dos delgados cables eléctricos, nos miran con curiosidad, no es un sitio turístico, no hay nada que atraiga a nadie, no sale en mapa alguno, no existe a los ojos del mundo, se nos acercan con un primer presente, una franca y amable sonrisa que nos acoje.. saludamos y preguntamos por Said a quien llaman, aparece una elegante figura azul cielo, de pelo negro, ojos cariñosos y dulce sonrisa que nos abraza y saluda con los cuatro besos, nos invita a seguirle y entramos a la construcción central. Hay orgullo en sus caras y tienen razón, que en un lugar tan inhóspito como este hayan sido capaces de hacer lo que tenemos ante nuestros ojos es motivo de orgullo.

 

Nos explican, hace años vivían del azafrán y de algún complemento, había algo de agua, algo de vida.. todo se fue perdiendo menos la ilusión. Hace unos años jóvenes del poblado se resistieron a marchar y decidieron dedicar esta juventud a conseguir que Jdaid tuviese su oportunidad, sus niños.. sus mujeres.. su futuro y por ende su pasado toman pues una dependencia dramática de estos jóvenes, pero entendemos que no pueden estar en mejores manos.

 

Nos enseñan las distintas áreas de la construcción, todas ellas nacen de un patio central al que están arreglando el suelo para que en la época de las lluvias sea practicable, entramos en una sala donde el nombre de Terrassa destaca por aquí.. por allí.. se nos habla de ella como de un amigo, Terrassa en sus bocas ha tomado personalidad, es alguien hermano.. seguimos la visita, el aula de los niños es sencillamente encantadora, sencilla, austera para lo que tenemos costumbre, pero limpia y fresca, agradable.. sentimos el cariño con que se ha hecho en cada uno de sus detalles.

 

Llegan las joyas del poblado, niños y niñas de ojos curiosos, miradas tímidas cruzadas. En un orden ceremonial van sacando sillitas y sentándose a la sombra de un muro, no se acercan a nosotros mientras sus mayores nos siguen explicando pero vemos que se mueren de ganas de rodearnos, los niños son niños aquí y en todas partes..

 

Mientras siguen llegando niños Said nos da más explicaciones, ahora su ilusión sería poder construir unos baños dentro de la escuela, nos explica que los pobres críos tienen que salir y alejarse para poder hacer sus necesidades, a 0 grados en las frías mañanas del invierno, a más de 50 grados en los calurosos días del verano, con tormentas de arena, con inundaciones en las lluvias... mirar a los pequeños que siguen llegando e imaginar la dureza de su vida produce dolor en el alma, pero con sus sonrisas nos devuelven la serenidad. Said, enfrascado en sus explicaciones, nos está hablando otra vez de su Terrassa, de esa Terrassa amiga, nos dice que con el esfuerzo de Jdaid y el apoyo de Terrassa pronto sus niños sonreirán un poquito más, nos enseña donde irán estos tan necesitados lavabos y es todo ilusión.. aun hoy sigo admirado ante este hombre que junto a unos amigos a consagrado su existencia a asegurar que la de los demás sea mejor, hoy y mañana..

 

Niños.. niñas.. todos sentaditos, sostienen orgullosos unas carpetas, son los dibujos que han realizado en el colegio durante el año, un tesoro que nos enseñan y que niño por niño, carpeta por carpeta y página por página repasamos con ellos , finalmente nos lo confian para que podamos llevarlos a su Terrassa amiga, tristemente no hemos podido cumplir con tan especial encargo por culpa de un robo en el vehículo, en España..

 

Comparten con nosotros su comida, su Te y su hermandad hasta que finalmente nos despedimos y admirados, emocionados, partimos en parte pues un trocito de alma se queda con ellos para siempre como parte de ellos nos acompañará toda nuestra vida.

 

Jdaid existe, gracias a sus gentes. Impresiona la entrega de sus jóvenes, nada hubiese sido más fácil para ellos que marchar a Merzouga o alguna población “cercana” pero en su lugar han tomado la determinación de dar vida a ese trozo de desierto que los ha visto nacer y que los verá morir.

Viéndolos entiendes que con ayuda o sin ayuda no cesarán en su empeño, pero viendo el entorno te das cuenta que sin estas ayudas difícilmente lo conseguirán. Aun así no tienen dependencia, no se han acomodado ni muchísimo menos, son luchadores motivados por cada unos de sus niños y que han aceptado un destino, ayudar a los suyos, y saber que su amiga, Terrassa, está allí, en algún lejano lugar que los sentimientos acercan les reconforta y anima.

 

Personalmente no puedo menos que dar las gracias, he estado allí, he visto lo que se ha hecho con las ayudas recibidas y lo que en la práctica ha representado, he sentido en mis carnes la dureza del lugar, he visto la fragilidad del hombre en un lugar que por sí mismo es capaz de llevarse la vida y como vecino de Terrassa me he sentido orgulloso. He tomado conciencia de con quienes vivo, con quienes me cruzo por la calle y por ello doy las gracias, en mi nombre, como persona.

 

Por último, desde el instante en que entré en contacto con el pueblo de Jdaid y con su gente supe que volvería, que en la medida de mis posibilidades ayudaré a ese pueblo orgulloso y a esos jóvenes ejemplares, y os pido que vosotros, quienes ya habéis creído en ellos, sigáis ayudándolos.. necesitan de vuestro apoyo, necesitan esa Terrassa amiga con sus aportaciones y sobre todo, con su amistad, y no solo lo necesitan, creedme, lo merecen.

 

Un saludo.

Xavier Montserrat.

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1 comentario

dunesdesorra -

Llevo Jdaid dentro de mí desde hace muchos años. Sus niños y niñas me enamoran. ¡No me canso de visitarlos!

Me siento feliz de que amigos míos hayan conocido el lugar y me emociona que también se hayan sentido tocados por sus gentes.

Sé que volvereis porque como yo, también los llevais dentro.
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